domingo
La persona
_Solo quiero lo mejor para ti_ decía, mientras se quitaba el cinturón...Ella no podía comprender que, todo el dolor del mundo, reunido en cinco minutos, pudiese ser para ella lo mejor.El tiempo pasó, y la misma escena se repitió, y se repitió. Mientras tanto, el recuerdo de ese dolor, ocupaba cada segundo de su vida.Buscó respuestas, que la ayudasen a comprender, que el dolor era bueno para ella, pero no consiguió encontrar ninguna. Fue tropezando con cada cinturón que se encontró en el camino, sintiendo el mismo dolor, hasta que el dolor se convirtió en miedo.Los largos días la fueron transformando en una mujer con miedo a recordar; una mujer resignada al dolor, pero un día de esos en los que se negaba a recordar, alguien se cruzó en su camino, y la enseñó a sacar provecho de ese dolor.Esa persona fué la única persona que no buscaba lo mejor para ella, fue la única persona que no se quitó el cinturón. También le ayudó a abrir los ojos, y ver que su miedo solo le permitía ver los recuerdos, y no la realidad.Sí, esta mujer cambió. Comenzó a utilizar su miedo forjando pequeñas láminas de hierro, provenientes de las caídas y soldándolas a su corazón; cada vez que soldaba una lamina, de su corazón manaba un río de sangre. Poco a poco su corazón se fué desangrando, cada gota de sangre era un pedazo de vida.Esta persona le fué inyectando de su propia sangre, jamás le pidió nada a cambio, simplemente se lo dio, y no por el bien de ella si no, por el suyo propio.Una noche la mujer recibió una llamada, eran noticias de esta persona, le había inyectado tanta sangre a ella, que la persona no tuvo sangre suficiente para poder vivir. La mujer salió en su busca lo mas rápido que pudo, cuando la encontró hizo lo posible por devolverle la sangre que esta persona le había dado a ella con anterioridad, pero fue en vano; en ese momento la persona le pidió algo, una cosa a cambio de todo lo que la persona le había dado a ella, le pidió, no llorar.Tan solo eso, no llorar.No pudo, no pudo ofrecérselo, no sabía como hacerlo. Así pues, ella lloró y lloró y con sus lágrimas forjó la lámina de hierro más grande que había forjado hasta el momento, y con ella selló su corazón derramando así las últimas gotas de sangre que allí dentro quedaban, olvidando que cada gota de sangre era para la mujer un segundo de vida.
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vaya es un poco duro o al menos yo lo siento asi,como se acerca a la realidad,por un momento me ha hecho sentir esas laminas de hierro,pero en la proxima no te cargues al bueno eH!!!!jeje
ResponderEliminarlos buenos ya están todos muertos ... IRNARA
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