domingo

Relajación



Era ya entrada la noche cuando Juan terminó su trabajo. Estaba muy cansado puesto que el día había sido difícil, y en lo único que pensaba era en llegar a casa, sentarse en su sofá preferido, tomarse una taza de café caliente, y escuchar algo de música antes de irse a dormir. Ese era el tipo de relajación que más le gustaba a él, y si la música era Jannis Joplin, muchísimo mejor. Llegó a casa, se preparó el café y se sentó en el sofá, pero su cabeza estaba tan saturada de problemas y preocupaciones, que ni siquiera reparó en el hecho de poner algo de música para calmarse.Intentó borrar de su mente todos esos rollos que le comían las entrañas, pero cuando se libraba de uno, otro aparecía, así uno tras otro, y mientras transcurría el tiempo algo se iba introduciendo en su mente, algo que a él le resultaba familiar aun que no lograba identificarlo. Había comenzado suavemente, y despacio, muy despacio; era como el sonido de unos tambores..., como aquellos que suenan como banda sonora en las películas de Tarzán, sí, ese tipo de tambores pero con un tono más dulce. En un momento se dio cuenta de que su mente se había centrado en buscar la procedencia de ese sonido, y aprovechó la oportunidad para alejar las preocupaciones de su cabeza y jugar a resolver dicho misterio.En un principio el sonido era lento, pero a medida que pasaban los minutos, el sonido se iba acelerando, hasta llegar a parecerse al trote de un caballo. Juan ya no sabía que podría estar produciendo ese sonido, y seguía insistiendo en que conocía el sonido, pero no recordaba donde lo había oído antes.La impaciencia le iba invadiendo por dentro y a su vez el sonido seguía aumentando su velocidad.De repente comenzó a notar una sensación extraña, algo que le subía por los pies, una especie de temblor suave que iba continuando hasta llegar al cuero cabelludo y terminando en la punta de los dedos de sus manos; fué en ese momento cuando recordó la procedencia del sonido, y claro que le era familiar, llevaba dentro de él desde el mismo momento en que nació, dicho sonido provenía de una máquina de cuya existencia Juan había olvidado por completo y, sí, lo consiguió. Juan descubrió que ese sonido era el de su propio corazón, pero para entonces iba este a tal velocidad que ya resultaba imposible poner un freno a tan desafortunada carrera. El choque estaba garantizado.En cuestión de segundos Juan vio como su vida se le iba de las manos, sintió como salía de su cuerpo, despacio, muy despacio, y en ese momento cuando ya creía que toda ella se había despegado de él, Juan alcanzó a ver una luz blanca y brillante alejándose.Esa fué su última visión.Alguien dijo unos días después, que cuando le encontraron, Juan estaba sentado en su sofá preferido, con una taza de café en las manos y una sonrisa en la cara, y que nunca se hubieran dado cuenta de su estado, si no llega a ser por el sonido de la música, que no paraba ni de noche ni de día. Incluso alguno se atrevió a asegurar que la música era de una cantante de rock muy antigua, alguien como Jannis Joplin o algo así...

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