
Hoy he tenido que ir al medico para recoger los resultados de unas pruebas que me habían hecho del corazón, porque yo padezco del corazón, un órgano muy preciado para mi edad o cualquier otra. Cuando he entrado en la consulta me he fijado bien en la cara del medico, eso dice mucho de la salud de una, según ponga la cara tu medico así es como tienes la salud, en fin, que la cara que tenía el mío no era muy buena, la verdad es que era malísima, y ha sido entonces cuando me he dado cuenta de lo que estaba pasando, me estaba muriendo. El medico todavía no había abierto la boca pero yo lo sabía, porque en toda mi vida jamás le había visto poner esa cara.
Es difícil expresar lo que le pasa a uno por la cabeza cuando sabe que le queda poco tiempo de vida; me acuerdo de las películas cuando dicen: “las imágenes de mi vida pasan ante mis ojos” o algo parecido, y aunque resulte fantástico a mí me ha ocurrido lo mismo, aunque lo único que me ha venido a la cabeza es la imagen de ese chico por el que estoy totalmente colgada. ¿Qué quien es él? Bueno se llama Igor y es el chico más guapo que he visto nunca y eso es mucho decir, porque si en cuarenta años que tengo es el único chico que me ha gustado, imaginar como sería. Para mi era como un sueño dorado, un tesoro inalcanzable, un rey intocable. Físicamente era perfecto, guapo, alto, delgado, pero con el tiempo esa imagen se fue convirtiendo en una imagen divina, en un Dios postrado en su trono jactándose de los deseos que su persona producía en los seres mas sencillos y regocijándose en su poder, aun así, me enamoré de él. Cada paso que daba en mi vida, tenía entre líneas un pensamiento hacia él, cualquier cosa que fuera, un viaje, una fiesta, un paseo; siempre había en mi un pensamiento que me hacia imaginar que en cualquier momento él iba a aparecer y me iba a coger en sus brazos para nunca mas soltarme.
Sí, cuarenta años llevo soñando con él y recuerdo cuando todavía era una adolescente y escondía mi persona tras una botella de buen whisky, aquellas noches empapadas en alcohol donde él se dejaba acompañar por sus guapísimas amigas, unas amigas un tanto estúpidas todo hay que decirlo, porque todo lo que tenían de guapas lo tenían de tontas, aunque siempre supe que las amigas que él tenía no eran mas que parte del decorado, que tan solo estaban ahí para dejarse ver con uno de los chicos mas guapos del mundo, digo del mundo porque he viajado bastante y como ya he dicho todavía no he visto un chico mas guapo que él. En aquellos días yo no era nada más que una joven llena de inquietudes, con ganas de hacer amigos y de agradar al prójimo. Tuve varias oportunidades de estar cerca de él pero el alcohol y mis compañías hicieron que las perdiese, sí, porque las compañías que yo tenía entonces solo podían recibir un nombre, “arpías.” Os preguntareis por que he llegado a tal nivel de enamoramiento, es sencillo, yo tuve un sueño, sí, un sueño que me ha tenido desconcertada toda la vida; soñé que alguien me besaba; algunos pensareis que menuda idiotez, que todas hemos soñado con un beso alguna vez en nuestra vida, pero aquel no era un beso cualquiera, era un beso como el que nadie me había dado jamas, y eso que a una ya la habían besado mas veces, pero como en ese sueño nunca, con lo cual me quede pillada con ese beso, pero solo con el beso, porque en el sueño no se podía distinguir la cara de la persona que me besaba y eso era realmente lo interesante. Unos meses después coincidí con Igor en una discoteca de un pueblo cercano al nuestro y... bueno, yo estaba saliendo con un chico, e Igor estaba saliendo con otra chica, muy guapa, como era su costumbre, y por casualidades de la vida ella no estaba con él, pero yo si estaba con mi novio esa noche. Como ya iba siendo normal en mi, bebí mas de la cuenta y en un descuido de mi novio (que se fue a por unas copas) yo me senté cerca de Igor y sin saber cómo ni de que manera nos besamos. ¡Que alucine! Aquel beso, su beso, era igual al de aquel maldito sueño. Fue entonces cuando descubrí que el hombre de mi vida sería única y exclusivamente él, y como veis, aquí sigo como una loca, con cuarenta mil arrugas en la piel y soñando con un hombre al que prácticamente no conozco, y al cual no he visto desde hace años. Aquella noche después del beso, apareció mi novio, y como era muy feo plantar a una persona por otra en cuestión de segundos, me olvide de Igor durante el resto de la noche y seguí con mi novio. Al día siguiente mandé a la porra a mi novio pero como suele ocurrir ya era tarde, la novia de Igor ya había vuelto y ya no le quedaban ojos para mí. A veces me he preguntado si él recuerda aquel beso...
Pero ahí no acabó la cosa, que para eso soy tauro y a cabezona no me gana nadie, por que ese mismo día me juré a mi misma que algún día conseguiría que Igor se enamorase de mí.
El tiempo transcurrió llenando mi ser de experiencias con las que aprendí lo más importante en esta vida, el saber con que tipo de personas te relacionas. En mi camino había dado muchas vueltas, había viajado al extranjero, había conocido a mucha gente, y había descubierto quienes eran realmente mis amigos, cosa un tanto difícil en los tiempos que corren, puesto que los amigos se basan en el “tu me das yo te doy” con lo cual la amistad lo que se dice la amistad es difícil encontrarla. Por aquel entonces yo tenía un amigo de esos de los de verdad, era el único que conocía la pasión que yo sentía por Igor y el muy cabrón me confesó que él sentía lo mismo por él. Como buenos amigos que éramos decidimos que aquel que lo consiguiese antes se quedaría con él, y nos lanzamos al ataque; cuando nos sentíamos deprimidos nos recorríamos todos los bares del pueblo buscando a Igor para recrearnos con la vista maravillosa de su fisonomía. Lo cierto es que no conseguíamos verle casi nunca, aunque en las pocas veces que le veíamos conocíamos algo mas de su vida y de él mismo, lo cual era que no tenía novia, cosa importante para nosotros, y que se cortaba cuando cualquiera de los dos le miraba de forma insinuante, muy insinuante, aunque eso tampoco nos sacaba de la duda de saber si era gay o no por lo tanto seguíamos sin saber para cual de los dos sería. Yo no solía ver a Igor, solo conseguía verlo cuando la Linda (que así se hacia llamar mi amigo) y yo íbamos en su encuentro por el pueblo, aunque recuerdo haberle visto una vez cuando iba yo sola y hubiese deseado no haberle visto nunca. Yo bajaba hacia la estación de trenes por el paseo, todo bonito con los bordes de las aceras cargados de arbustos para agradar al viandante la subida o la bajada, y digo esto último por que el paseo estaba en cuesta, una cuesta muy empinada, que convertía el paseo en un calvario para aquellos que volvían del trabajo y tenían que subir aquella pesada cuesta para dar por terminada su penitencia laboral diaria; en fin, que un día que bajaba yo hacia la estación por dicho paseo me lo encontré, él estaba con sus amigos y yo bajaba sola por la acera contraria a la que él estaba, intente hacerme la interesante estiré la cabeza, metí tripa y pase por delante de ellos como si nada; cual seria mi sorpresa cuando sentí que alguien me chistaba aunque no hice caso para no parecer presumida, ya se sabe que una chica presumida deja mucho que desear, pero al instante oí como alguien gritaba mi nombre, me gire despacio y ahí estaba él, Igor, diciéndome “hola” a mí, con esa sonrisa tan maravillosa, con esos ojos grandes de color azul verdoso que hacen que una mujer se deshaga al mirarlos ¡¡¡¡Dios!!!! Me lo estaba diciendo a mí, me estaba saludando a mí. En aquel instante me entró tal pánico que sonreí como pude y continué andando con un tremendo temblor de piernas que me hicieron poner el pie donde no debía al mismo tiempo que me hacían caer, sí, caer, caer rodando toda la puñetera cuesta del paseo, recuerdo perfectamente como se me enganchaba el vestido en uno de los arbusto que este maldito paseo tenía, y recuerdo perfectamente también como la tela del vestido se iba rasgando según iba yo rodando por la cuesta. Cuando paré de rodar cerré los ojos, deseaba que Igor no hubiese visto nada, pero como si de un demonio se tratara ahí estaba él, mirándome e intentando esconder la risa, se acercó hacia mi para ayudarme, me dio la mano y me levanté del suelo, a lo lejos se distinguían unas risas entre el viento que se colaba entre mis piernas, mire hacia abajo y empecé a sentir que mi cara se iba cargando con toda la sangre de mi cuerpo, como pude intente mirar hacia atrás y vi todo mi vestido rasgado en el camino, y yo, delante de Igor desnuda, muerta de vergüenza, para colmo llevaba puestas unas bragas muy feas que me había regalado mi abuela, color marrón cagao lo que hacía que mi mente solo desease una cosa, la muerte. Igor como buen caballero me dejo su chaqueta y me llevo hacia su coche, preguntándome en todo momento si me encontraba bien, pero yo no podía hablar, me había quedado sin habla, no podía ni mirarle a la cara. Me acercó a casa y al llegar salí corriendo del coche envuelta en lágrimas sin darle las gracias, sin decirle siquiera adiós. Esa fue la última vez que supe de él.
Y ahora, aquí sentada, apunto de conocer la que será la noticia mas desagradable de mi vida, estoy pensando en el y en aquellos días. Tengo marido y tres hijos, pero lo único que me viene a la cabeza es la imagen de su cara altiva y arrogante, y al mismo tiempo, dulce y tímida. Ni siquiera sabría explicar porque su recuerdo y no el de mi marido y mis hijos. Supongo que Igor forma parte de esos sueños que no se llegan a cumplir, y que con los años uno se pregunta eso tan típico de ¿y que hubiera pasado si...? No lo sé.
El medico me está mirando pensativo, creo que no se atreve a decirme la verdad, está muy serio, se acaba de levantar de su silla, me mira.
Me estoy empezando a poner muy nerviosa, como no me lo diga ya, y anda que si me muero ahora. Podía haber tenido un recuerdo más bonito. A cualquiera que se lo cuente creo que me va a estallar la cabeza, todo va muy deprisa, me mareo, mi cabeza... mi corazón...
_ Doctor. Mi marido... Mis hijos... Igor...
Irnara
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