En las noticias… solo desesperanza.
En el ambiente… solo depresión.
¿Cómo hemos llegado hasta este punto?
No me puedo creer que todo vaya tan mal. Solo muerte, ruina y tristeza. Tantas horas trabajadas, tanto sudor derramado. Tantas prohibiciones, tantos cambios de camino.
Hablo con la gente, y solo escucho lo mismo, la misma historia que yo escribo y la misma circunstancia.
Hace poco, en una de esas famosas asambleas escuché a alguien quejarse. Hablaba de cómo llevaba cinco años viviendo en casa de sus padres, cobrando el paro, sin ayuda para seguir estudiando. Dicha persona tiene 27 años, se le ofrecieron varios trabajos los cuales rechazó para cobrar el paro, vive como un rey y tiene un coche deportivo de primera gama.
Yo llevo toda la vida trabajando en lo que he podido, hace cuatro años abrí un negocio que cerró por la crisis, y me encuentro sin trabajo, con una hipoteca, y un crédito, y sin paro.
Ante esta historia, me vine a bajo…
Y descubrí que no tenemos salida.
Los humos se caldean en las redes, las personas ya no son tan pacientes, ni siquiera yo.
El dicho mas común en estos días es “hay que seguir adelante”.
En eso andamos, siguiendo adelante, y yo, al fin y al cabo, tengo una familia que apuesta por mí, y mi maleta requiere pocos esfuerzos. ¿Pero que pasa con esa gente que se encuentra en la misma situación que yo, y que no tiene familia, ni apoyos, y que llevan a cuestas maletas llenas de infancia? ¿Qué va ha ser de ellos?
Creo que todo se nos escapa de las manos, somos millones de personas con una base de cultura muy diferente entre nosotros. Estamos dejando de mirar a nuestro alrededor y estamos perdiendo la poca humanidad que nos queda.
Esta situación no es la chispa que enciende la mecha, si no una bomba de relojería con un cronómetro estropeado. Y la bomba estallará, el ¿cómo? y el ¿cuándo? no lo sabemos, nadie lo sabe, pero estallará. Sólo espero que para cuando estalle, siga teniendo mi conciencia tranquila.
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