domingo

cartas a un caballero


Querido caballero de armadura de hierro:


Hoy el viento me ha traido noticias tuyas, y me he sentido un poco apenada. Me dice que las hadas del mar te han enviado a una doncella de las tierras del sur, y que te tiene hechizado con su belleza. Solo espero y rezo a los espiritus del bosque para que seas feliz aunque no sea conmigo. Sería mucho esperar que me recordases, como yo te recuerdo a ti.

Te sueño cada vez que mis ojos se cierran, y me doy cuenta que las tornas han cambiado de posición. Ahora no es la ninfa la inspiración, si no el caballero el que provoca el sueño y la imaginación.

Si no estuvieses tan lejos... Si el bosque no me tuviese prisionera... Pero he de ser realista.

Yo no podría vivir en tu mundo, ni lejos de estas ramas que me protegen de arduos peligros. Me moriría sin esta seguridad que me da la madre naturaleza, que me arropa y me consuela con su amigo el viento, y sus hijos los animales.

No has mandado ninguna negativa a mis correos, y sé que los recibes.. de manera que me mantendré en contacto contigo para que mi magia y mi cariño te protejan de hechizos malintencionados.

Velaré por ti aun que sea en el silencio.

Se feliz mi caballero, por que de esa manera me harás feliz a mi.

Eternamente tuya

IRNARA

lunes

Aun recuerdo cuando aquella tarde me pediste "escribe algo, se te da siempre bien". Han tenido que fundirse con los átomos del aire mil regueros del humo de mis cigarros para volver a pensar en escribir, mis dedos casi oxidados , apenas capaces de crear algún intento de relato volátil y efímero pero revelador de secretos guardados entre las sombras de mis emociones. Alguien dijo alguna vez que la creatividad se agudiza más en la adversidad y la tristeza de espíritu, pero es preciso matizar que a veces uno puede emerger del letargo perenne para divisar el fondo del paisaje y asi dar una salida al entramado de laberintos con pasillos burlones que desean atrapar los brazos desesperados de quien corre desesperadamente esperando tocar el umbral con el aliento pero que descubre que, cruelmente, lo único que siente es una lámina polícroma donde la falacia de un sol dibujado con hijos de oro es la única realidad que le puede hacer soñar con un microcosmos más afin a sus sueños....(oscar)
21:26

sábado

El cuervo




Edgar Allan Poe(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)



Una vez, al filo de una lúgubre media noche,


mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,


inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,


cabeceando, casi dormido,


oyóse de súbito un leve golpe,


como si suavemente tocaran,


tocaran a la puerta de mi cuarto.


“Es —dije musitando— un visitante


tocando quedo a la puerta de mi cuarto.


Eso es todo, y nada más.”




¡Ah! aquel lúcido recuerdo


de un gélido diciembre;


espectros de brasas moribundas


reflejadas en el suelo;


angustia del deseo del nuevo día;


en vano encareciendo a mis libros


dieran tregua a mi dolor.


Dolor por la pérdida de Leonora, la única,


virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.


Aquí ya sin nombre, para siempre.




Y el crujir triste, vago, escalofriante


de la seda de las cortinas rojas


llenábame de fantásticos terrores


jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,


acallando el latido de mi corazón,


vuelvo a repetir:


“Es un visitante a la puerta de mi cuarto


queriendo entrar. Algún visitante


que a deshora a mi cuarto quiere entrar.


Eso es todo, y nada más.”




Ahora, mi ánimo cobraba bríos,


y ya sin titubeos:


“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón


imploro,


mas el caso es que, adormilado


cuando vinisteis a tocar quedamente,


tan quedo vinisteis a llamar,


a llamar a la puerta de mi cuarto,


que apenas pude creer que os oía.”


Y entonces abrí de par en par la puerta:


Oscuridad, y nada más.




Escrutando hondo en aquella negrura


permanecí largo rato, atónito, temeroso,


dudando, soñando sueños que ningún mortal


se haya atrevido jamás a soñar.


Mas en el silencio insondable la quietud callaba,


y la única palabra ahí proferida


era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”


Lo pronuncié en un susurro, y el eco


lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”


Apenas esto fue, y nada más.




Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,


toda mi alma abrasándose dentro de mí,


no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.


“Ciertamente —me dije—, ciertamente


algo sucede en la reja de mi ventana.


Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,


y así penetrar pueda en el misterio.


Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,


y así penetrar pueda en el misterio.”


¡Es el viento, y nada más!




De un golpe abrí la puerta,


y con suave batir de alas, entró


un majestuoso cuervo


de los santos días idos.


Sin asomos de reverencia,


ni un instante quedo;


y con aires de gran señor o de gran dama


fue a posarse en el busto de Palas,


sobre el dintel de mi puerta.


Posado, inmóvil, y nada más.




Entonces, este pájaro de ébano


cambió mis tristes fantasías en una sonrisa


con el grave y severo decoro


del aspecto de que se revestía.


“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,


no serás un cobarde,


hórrido cuervo vetusto y amenazador.


Evadido de la ribera nocturna.


¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”


Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”




Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado


pudiera hablar tan claramente;


aunque poco significaba su respuesta.


Poco pertinente era. Pues no podemos


sino concordar en que ningún ser humano


ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro


posado sobre el dintel de su puerta,


pájaro o bestia, posado en el busto esculpido


de Palas en el dintel de su puerta


con semejante nombre: “Nunca más.”




Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.


las palabras pronunció, como virtiendo


su alma sólo en esas palabras.


Nada más dijo entonces;


no movió ni una pluma.


Y entonces yo me dije, apenas murmurando:


“Otros amigos se han ido antes;


mañana él también me dejará,


como me abandonaron mis esperanzas.”


Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”




Sobrecogido al romper el silencio


tan idóneas palabras,


“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice


es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido


de un amo infortunado a quien desastre impío


persiguió, acosó sin dar tregua


hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,


hasta que las endechas de su esperanza


llevaron sólo esa carga melancólica


de ‘Nunca, nunca más’.”




Mas el Cuervo arrancó todavía


de mis tristes fantasías una sonrisa;


acerqué un mullido asiento


frente al pájaro, el busto y la puerta;


y entonces, hundiéndome en el terciopelo,


empecé a enlazar una fantasía con otra,


pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,


lo que este torvo, desgarbado, hórrido,


flaco y ominoso pájaro de antaño


quería decir granzando: “Nunca más.”




En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,


frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,


quemaban hasta el fondo de mi pecho.


Esto y más, sentado, adivinaba,


con la cabeza reclinada


en el aterciopelado forro del cojín


acariciado por la luz de la lámpara;


en el forro de terciopelo violeta


acariciado por la luz de la lámpara¡


que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!




Entonces me pareció que el aire


se tornaba más denso, perfumado


por invisible incensario mecido por serafines


cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.


“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,


por estos ángeles te ha otorgado una tregua,


tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!


¡Apura, oh, apura este dulce nepente


y olvida a tu ausente Leonora!


”Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”




“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!


¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio


enviado por el Tentador, o arrojado


por la tempestad a este refugio desolado e impávido,


a esta desértica tierra encantada,


a este hogar hechizado por el horror!


Profeta, dime, en verdad te lo imploro,


¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?


¡Dime, dime, te imploro!”


Y el cuervo dijo: “Nunca más.”




“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!


¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!


¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,


ese Dios que adoramos tú y yo,


dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén


tendrá en sus brazos a una santa doncella


llamada por los ángeles Leonora,


tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen


llamada por los ángeles Leonora!”


Y el cuervo dijo: “Nunca más.”




“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida


pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.


¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.


No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira


que profirió tu espíritu!


Deja mi soledad intacta.


Abandona el busto del dintel de mi puerta.


Aparta tu pico de mi corazón


y tu figura del dintel de mi puerta.


Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”




Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.


Aún sigue posado, aún sigue posado


en el pálido busto de Palas.


en el dintel de la puerta de mi cuarto.


Y sus ojos tienen la apariencia


de los de un demonio que está soñando.


Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama


tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,


del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,


no podrá liberarse. ¡Nunca más!

viernes

Mujer Estrella Blanca y Gran Astro


Tirawa, El de las Alturas, creó las estrellas. Las dos más importantes eran Mujer Estrella Blanca, la estrella de la noche, y Gran Astro, la estrella de la mañana. Todo lo que sucedía en el mundo se debía a la unión de ambas.
Gran Astro debía conseguir que Mujer Estrella Blanca fuera su esposa, así que emprendió el viaje hacia el oeste para ir a buscarla a su casa; sin embargo, como ella vio qeu se acercaba, le puso muchos obstáculos en el camino. Diez veces le bloqueó el camino con inundaciones, con bosques d espinos o con monstruos, y diez veces Gran Astro sacó una bola de fuego de su bolsillo y la arrojó al obstáculo hasta que éste se quemaba y desaparecía.
Al final consiguió llegar a la casa de Mujer Estrella Blanca. Estaba vigilada por un oso negro, un puma, un lince y un lobo, pero no se trataba de animales comunes, sino que también eran estrellas. Además, representaban a los animales que debían vivir en la Tierra, así como al tiempo, a los árboles y al alimento que tendrían para vivir.
Gran Astro los puso en su lugar y dividió el mundo en cuatro partes, una por cada estrella, y les encargó las estaciones.
Mujer Estrella Blanca vio que su matrimonio con Gran Astro era inevitable, pero antes d que esto ocurriera le pidió que hiciera tres cosas. Le dijo que le trajera una cuna para su primer hijo, una manta mullida donde dormir y agua fresca para bañarse.
Gran Astro le dio una cuna decorada con estrellas, una manta hecha con la parte mas blanda de la piel de un búfalo y agua procedente de un fresco estanque rodeado de hierbas de dulce aroma. Así que Mujer Estrella Blanca consintió en convertirse en la esposa de Gran Astro y cada uno dio al otro todos los poderes que tenían. Mujer Estrella Blanca dejó caer una pequeña piedra desde el cielo que se convirtió en la Tierra y Gran Astro lanzó su bola de fuego al cielo donde se convirtió en el Sol.
Su hija fue colocada en una nube y con sumo cuidado la enviaron a la Tierra llevando consigo la bendición de grano. Se dejó caer de la nube en forma de lluvia y en su camino encontró a un niño que era el hijo del Sol y de la luna. De ellos dos procede toda la gente que vive en la tierra. Y Tirawa, el Inmutable, dio a las estrellas el encargo de cuidar de todas las personas. Cuando mueren, sus espiritus suben a la Via Láctea y se quedan para siempre a vivir en las estrellas.
Cuento Indio

Gothika

Clara Tahoces. Minotauro
Analisa acude a la llamada de su tía moribunda. A la mañana siguiente, despierta en un ataud. La joven, convertida en vampiresa, viaja desde el Madrid del siglo XVIII al Madrid actual, para encontrar un hombre compatible con quién engendrar un hijo. Partiendo de las leyendas clásicas, la autora forja un mundo propio en el que los vampiros pueden exponerse a la luz del sol o tocar crucifijos sin problemas

Muy entretenido.