domingo
Tormentas
Estaba viendo una de esas películas que ponen en “la dos” (versión original, blanco y negro, y actores de los que solo queda ya su trabajo como recuerdo). Tuve que quedarme dormida porque no recuerdo ni el contenido de la pelicula.Entre sueños creí oír unas llaves y seguido a esto el sonido que hace una puerta al abrirse; mi corazón comenzó de pronto a participar en una carrera de velocidad, intenté incorporarme para encender una luz, con la intención de tranquilizarme, pero en ese momento sentí un golpe en la cabeza y sin saber ni cómo ni por qué, me encontré en un tejado, intenté situarme en la ciudad, pero no conocía nada de lo que veía, era como si de repente me encontrase en un lugar desconocido alejado por completo de mi casa, de mi ciudad, de mi gente...Busqué una ventana, o algo por donde pudiese introducirme en el edificio donde me encontraba, pero no conseguí ver ninguna, fue entonces cuando divisé a lo lejos algo parecido a una mancha gris sobre el cielo, deseé que no fuese lo que era obvio que fuese, pero no se cumplió mi deseo. Sí, una tormenta se estaba acercando; los nervios empezaron a comerme las entrañas muy lentamente, mientras, la tormenta se acercaba, cada segundo que pasaba mas cerca la encontraba. ¡Tenía que salir de allí! Pero ¿cómo?El pánico me empezaba a invadir, cuando empece a notar que algo o alguien me abrazaba tiernamente; me giré rápidamente y mis ojos se clavaron en los suyos. ¡Dios! ¡Como deseaba que estuviese allí! Ni siquiera dijo una sola palabra, simplemente me miró y agarró fuertemente mi mano.La tormenta se acercaba y yo cerraba los ojos e intentaba dirigir mis pensamientos hacia otra cosa, quería creer que todo era un mal sueño, que todo lo que estaba sucediendo era producto de mi imaginación, pero cuando abría los ojos me encontraba con que la tormenta se había acercado mucho mas a nosotros.Yo me volvía y le miraba; tenía un semblante serio y tranquilo, era como si nada pudiese derribarle, él me devolvía la mirada y sonreía, pero su mirada no era como la mía, la suya lanzaba mensajes de confianza, su mirada me hablaba, me decía: tranquila, estoy aquí. Yo volvía la vista hacia la tormenta y no podía comprender su pasividad.En ese momento resurgía la eterna lucha; mi corazón decía: hazle caso, confía en él; pero mi cabeza se volvía loca intentando encontrar una salida, una puerta, una ventana, incluso pensé en la posibilidad de saltar al vacío (al menos la idea de morir aplastada me parecía mucho más atractiva que la de morir electrocutada por un rayo).De nuevo volvía a mirarle, él insistía en seguir impasible y tranquilo, y nuevamente el me devolvía la mirada con otro de sus mensajes: tranquila, yo estoy aquí, no pasará nada.Mi lucha interior resurgía con más fuerza; algo dentro, muy dentro de mí deseaba creer y confiar, pero la razón y la lógica se hacían más fuertes según se acercaba la tormenta.Mis ojos empezaron a gritar pidiendo ayuda, entonces él sin soltar mi mano, me abrazó y me habló: _ confía en mí _ decía_ yo estoy aquí._Mi mente comenzaba a nublarse, mi cuerpo a temblar; cerré los ojos y recé al cielo para que lo que fuese a ocurrir, ocurriese en ese mismo instante.Cuando abrí los ojos, la tormenta ya estaba allí, miles de rayos caían sobre aquella ciudad, continuos y rápidos, no importaba la dirección que tomasen mis ojos, allí estaban a cual mas terrorífico, y los truenos, los truenos hacían temblar la tierra, hubo un momento en que sentí el movimiento del tejado.El miedo era tan grande y fuerte que me hizo olvidar que él estaba ahí, y cuando quise volver la cabeza para encontrar su mirada, descubrí que había desaparecido, ahí no había nadie. Recuerdo que me levanté como pude y a tientas comencé a andar por el tejado, esquivando los rayos; el pánico me nublaba la vista y me impedía ver, pero conseguí distinguir a lo lejos, algo parecido a una luz. Me dirigí hacia allí como pude; la tormenta se hacía más y más fuerte, y la lluvia de rayos crecía como si de un diluvio eléctrico se tratase.Llegué hasta aquello que me había parecido una luz, y por suerte resultó se una ventana, muy pequeña y cerrada a cal y canto, comencé a dar golpes al cristal, y a dar voces para llamar la atención de la gente que allí se encontraba, pero no me oían, no consigo recordar quienes eran las personas que se encontraban dentro de la casa, pero si recuerdo que estaban discutiendo; estaban tan enfrascados en su discusión, que no pudieron escucharme.Cerca de allí pude ver otra ventana y como pude llegué hasta allí, no había luz, pero golpeé el cristal y di unas voces; los rayos caían cada vez más cerca y me arriesgue a romper el cristal y entrar en la casa, ésta tenía aspecto de estar abandonada, busque una puerta de salida, mi único deseo era llegar a mi casa y resguardarme de la tormenta, pero cuando encontré lo que suponía la puerta de salida, resulto estar cerrada por fuera. Grité y chillé todo lo que pude, esperando que alguien me escuchase y pudiese ayudarme, pero fué inútil, así pues me apoyé en un rincón, estaba empapada, tenía frío y mucho miedo, pero allí acurrucada, esperé a que la tormenta se alejase.Cerré los ojos un instante, para intentar tranquilizarme y cuando los abrí, allí estaba yo, tumbada en el sofá viendo una de esas películas que ponen en “la dos”...... y volví a escuchar el sonido de unas llaves...... y volví a encontrarme con esa eterna lucha entre sentimiento y razón...... y volví a encontrarme en aquella casa abandonada, acurrucada en aquel rincón, sola...
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aYYYYY qué presión sentí, miedo, frío, angustia...
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